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El foro Fairy Tail Rol basado en el manga y la historia de Hiro Mashima: Fairy Tail. Las imágenes no son de nuestra propiedad; las imágenes se sacaron en su mayoría de los diferentes Arts de Fairy Tail. Agradecemos a aquellos artistas que contribuyeron a los gráficos del foro. La edición de estas fueron realizadas por Necalli.

Las guías, normas, post y demás temas del foro corresponden a sus autores, por favor, se pide que se respeten estos. Agradecemos a todos por su colaboración y hacer posible este foro.


Seikuro Shin-Tensei

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Seikuro Shin-Tensei

Mensaje por Seikuro Shin-Tensei el Vie Feb 24, 2017 9:19 am


Nombre: Seikuro Shin-Tensei
Apodo: -
Edad: 20 años
Raza: Humano
Profesión: Herrero
Gremio: Independiente - Fiore
Sello: -
Sexo: Masculino
Orientación sexual: Demisexual - Hetero

Descripción Física

Altura: 1'75
Peso: 80 Kilos
Contextura física: Atlético
Color de piel: Blanco
Color de pelo: Pelirrojo
Color de ojos: Azules
Extras: Lo más característico y visible en él son las cicatrices en forma de cruz de su cara, pero otros rasgos que tiene y que se encarga de ocultar lo mejor posible, a parte de otras que tiene por el cuerpo, es un número a la altura de sus omóplatos, recuerdo de que ha sido un esclavo en el pasado.

Imagen del Personaje:
Spoiler:
Spoiler:
Nombre del personaje: Kenshin Himura
Procedencia: Rurouni Kenshin

Descripción Psicológica

Como se puede juzgar por su aspecto, Seikuro sigue las enseñanzas de los Samurai, también conocido como Bushido aunque en un sentido un tanto menos estricto de lo que normalmente es representado siendo que él mismo sería denominado como un ronin o samurai sin amo, así pues, eso indica que a su vez hay cosas que no puede cumplir de dicho código estricto de conducta. Pese a que es alguien serio, no quiere decir que no sea amable, de hecho normalmente hace lo posible para ayudar al prójimo dentro de sus posibilidades cuando realmente lo necesita. Así mismo, no es alguien que esté acostumbrado a sonreír, de hecho en muy rara vez se le ha visto hacer esto y nunca ha sido precisamente por una faceta amable. Normalmente suele ser alguien bastante solitario, pero eso es por la vida que ha llevado hasta el momento de ermitaño en el que en su círculo de amistades solo ha estado su maestro, más allá de él no ha hecho nunca amigos, lo más parecido fue una vez unos aliados y no acabaron en buenas posiciones con respecto a Seikuro, ni a la vida.

Hay que decir también que es alguien completamente humilde hasta el punto que incluso aunque tuviese dinero viviría una vida de pobre aunque sin dificultades, la vida del rico es para gente de negocios, él ante su honestidad y forma de pensar no es capaz de llevar ese tipo de ritmo cuando otras personas pueden estar pasándolo mal.

Por el contrario, y la razón por la que siempre se ha querido mantener al margen de la gente ha sido su lado más... Macabro.

Se puede decir que es todo lo contrario a lo que muestra normalmente, cuando se le logra enfadar de verdad su forma amable se convierte en una máquina de sed de sangre que no se detendrá hasta que caiga inconsciente o mate a todo lo que hay alrededor de las formas más lentas, dolorosas y gráficas posibles, pero eso no es gratuito, sino que es por un trauma de su pasado que despertó este lado en él. Y no es algo que pueda controlar precisamente.

Cabe a destacar que en este estado no se puede racionalizar con él, pierde la capacidad de hablar e incluso de pensar de forma clara y solo se deja llevar por unos impulsos propios de una bestia más que de un humano, incluso un psicópata tendría más capacidad de raciocinio con respecto a como se muestra Seikuro en este ámbito. Se vuelve también más descuidado, sin importarle salir herido, solo estará atento a lo que tenga delante para descuartizar.
Arma

Shinsou [Demonio Blanco]: Más pequeña que las katanas normales, pesa 3 kg, 70 cms de filo y 30 cms de empuñadura, sin embargo, carece de guardamanos y su peculiaridad es que cuando la magia fluye por la hoja, esta se ilumina de color blanco que dejan trazos residuales de luz tras cada movimiento.

Magia

Estilo de Magia: Perdida
Especialización: Devil Slayer - Viento

Técnicas

Nombre de la técnica Onikaze no Undō [Movimiento del viento demoníaco]
Descripción: Una de las características de la magia de viento es que ayuda a su usuario en ciertos campos, uno de ellos es la movilidad. En este caso el viento hace más ligero el cuerpo del usuario y lo acelera mediante un fuerte impulso haciéndole capaz de realizar distancias cortas-medias (7 Zancadas) en un espacio muy corto de tiempo o permitiéndole saltar a una altura considerable minimizando el impacto de la caída.
Puntos débiles: Los obstáculos en su camino sea cual sea el tipo de estos. Tampoco puede iniciar esta magia en líquidos, en suelos inestables solo podrá saltar
Duración: Instantáneo.
Recarga: 2 turnos.
Veces por tema: 2 usos.
Imagen/gif de muestra:


Nombre de la técnica Onikaze no ken [Espada del viento demoníaco]
Descripción: Esta magia se trata de un simple recubrimiento de viento que envuelve un objeto que se esté usando para aumentar su capacidad de corte, se muestra como una capa semi-transparente blanquecina alrededor del objeto usado.
Aumenta la capacidad de corte un 10%.
Puntos débiles: El efecto no se aplicará contra barreras ni otras armas de acero, etc.
Duración: 1 turno si el objeto no es metálico, 3 si lo es.
Recarga: 3 turnos.
Veces por tema: 2 turnos.
Imagen/gif de muestra: -

Debilidades

Mágica: Al ser usuario del viento, la debilidad natural de esta magia es el fuego ya que puede hacer que este se alimente por culpa de las corrientes que puedan haber y dañar al propio mago. Además, aunque en menor medida que la de fuego, la magia de roca es resistente a la de viento.

Mental: La visión de cuerpos mutilados de infantes le perturba bastante hasta el punto de hacer que se desconcentre. Además, un miedo a los fantasmas muy poco normal, debido a su entrenamiento y lo espiritual de la vida samurai.

Física: Su estilo de pelea es rápido y fuerte a la vez, por lo que su resistencia se ve afectada por ello teniendo problemas en combates largos. Así mismo, el combate contra su maestro en el pasado le hizo tener una lesión que hasta ahora no se ha curado completamente en el hombro izquierdo, cosa que le dificulta hacer ciertos movimientos.

Historia

Resumen

—Para comprender un poco lo que pasa por la cabeza de esta persona, habría que empezar desde el principio. Es el noveno hijo de una familia noble, hijo no deseado y por ello deshechado, vendido a un esclavista por una miseria de dinero antes de que pudiese incluso tener recuerdos sobre aquél momento a la corta edad de dos años. ¿Su nombre? Borrado y sustituido por un número, pues no convenía que un hijo de noble fuese vendido de aquella forma, pero cuando desconoces algo simplemente es como si no existiese, en este caso, el joven tenía clara su posición, su nombre, su procedencia y lo que le esperaba a partir de ese momento. Desde los cuatro años trabajó como sirviente en una casa de clase media-alta, a esa edad ya sabía lo que era que las manos sangrasen por llevar más peso del que realmente podía hasta el punto de apenas ser capaz de cerrar las manos por el propio dolor no solo en la carne, sino que en sus tendones. Casi lo echaron como comida para los perros de no ser que otros esclavos de la casa no lo hubiesen escondido hasta que se recuperó. El hijo pequeño de la casa la tomó una vez con él haciendo que fuese técnicamente su mascota, eso quería decir que el trato humano no estaba permitido para él hasta el punto que le hizo pasar un infierno de existencia, de ahí su primera cicatriz en la cara, la vertical, fue con un cristal que el el joven de la familia usó para marcarlo con una mirada que poco se distanciaba de un psicópata.

A sus seis años en un viaje fue cuando ocurrió lo impensable. Tras dos años de tortura física y mental, en medio de un camino, Seikuro sufrió un ataque por parte de la familia y algo en su mente cambió. Lo que antes era un niño tratado como un animal ahora estaba reteniendo con una mano un golpe que iba directo a su cara por parte del varón, lo que pasó de ahí en adelante estaba borroso, pero si que hay algo que Seikuro recordaba sin problemas y era su propia imagen apuñalando repetidas veces a los miembros de aquella familia y a los esclavos que no habían podido huir al estar encadenados... Casi como si algo le hiciese entrar en trance... Un animal dentro de él que había salido sediento de sangre y que le había sido imposible de controlar, una forma de í mismo más sádica y sedienta de sangre... Entre sus manos tenía la cabeza cortada del hijo mayor, completamente desfigurada por las puñaladas, no pareció importarle lo impactante que pudiese resultar la imagen, simplemente supo que debía salir de allí antes de que lo encontrasen, pese a ser un niño sabía perfectamente lo que le pasaría como esclavo que era. Pasó un año vagando por las calles de la antigua Magnolia intentando evitar a la gente, robando para comer, cosa que no se le daba nada mal, al menos hasta que cumplió los ocho, que le pillaron robando comida de dos guardias, estos se llevaron al niño a un callejón y allí empezaron a golpearlo hasta el punto de dejarlo tirado en el suelo, sabiendo el castigo que les caería, prefirieron no dejarlo vivo, así que desenvainaron sus espadas, pero en el último momento algo pasó, una poderosa ráfaga de viento hizo que las espadas rebotasen en el aire hacia atrás, golpeando una pared invisible, de repente, los brazos se cayeron de sus extremidades hasta  el suelo, quedando con sangrientos muñones, lo último que vio Seikuro fue una figura bastante grande e imponente acercarse hasta él para luego caer presa de la inconsciencia. Al despertar, lo hizo en una pequeña casa prácticamente vacía apartada de todo, en una especie de montaña rodeada de árboles cuya posición en el mundo desconocía. Al levantarse el primer impulso que tuvo fue el de salir de allí, pero al acercarse a la puerta algo sacudió sus oidos, una especie de pitido metálico como cuando dos objetos de metal chocan y se queda la vibración en el aire pero de forma estruendosa para él. Poco a poco se dirigió a lo que emitía aquél sonido, se trataba de una katana colgada en la pared que, al tocarla, pudo notar como si sus fuerzas se renovasen, como si él fuese más ligero e incluso por unos momentos se sintió liberado mentalmente de todo lo que había pasado años atrás. Al mirarse la mano, pudo ver que el tatuaje de esclavo que siempre había tenido había desaparecido por alguna razón. Sus pensamientos fueron cortados por la persona que lo salvó y que actualmente estaba atravesando el umbral de la puerta, tras una charla entre ambos en la que Seikuro no se mostró muy seguro de si mismo el chico recibió su nombre y apellido actual pues un número no era digno de una persona, aquello pese a no ser mucho le había dado algo muy valioso, más que el hecho de haberle salvado, ahora podía llamarse a sí mismo persona sin miedo y la promesa de ser mejor como una era algo que invadió su mente al instante que lo susurró para sí mismo.

Al día siguiente, el hombre empezó a entrenar al joven en el arte de la espada samurai... Ese fue el verdadero principio de todo. Los años pasaron, el niño se convirtió en joven, en esos años había estado entrenando día a día hasta su mayoría de edad en la que su maestro le obligó a combatir contra él usando la katana que le había guardado, cuyo nombre era Shinsou, capaz de iluminar el camino de sus actos según el mayor. La batalla se decantó por el joven, lo que este no sabía es que el resultado de las técnicas que estaba usando era la muerte de su maestro, el que fue lo más parecido a un padre para él, estuvo a punto de sumirse en la desesperación, pero entonces recordó todo lo que le había dado, y lo único que podía hacer con ello era respetar el camino que le había mostrado y confiado, partió sin la katana pues en todos esos años había aprendido a usar magia, así que aunque realmente no la llevase, no estaba desarmado, más bien se podía decir que era como precaución. Cuando ocurrió el desastre de los dragones sabía que ante tal magnitud de acontecimientos no podía hacer gran cosa por mucho que aquello le pesase, aún así, trató de ayudar a todo el que estaba en su mano ayudar, solo pudo redimirse en su falta de acciones y utilidad cuando prestó su magia para que aquella pesadilla acabase finalmente.

El principio


Todo monstruo tiene su principio, todo ser tiene su porqué y toda herida tiene su repercusión en la historia que se escribe ya sea física o emocional. En este caso, la propia herida es la existencia de alguien como quien puede ser un joven pelirrojo que en su momento fue un simple niño que tuvo la mala suerte de nacer en la familia equivocada, momento equivocado y con las características que seguramente le hicieron ser un deshecho desde que salió del vientre de su madre. Apenas pudo mantenerse con vida sin necesitar a la susodicha su casa cambió completamente, aunque las posiciones económicas no eran muy distintas las gentes si. Unos compradores de esclavos fueron los que a partir de ese momento serían los dueños del destino del pequeño e inconsciente pelirrojo, que no era capaz de saber lo que pasaba ni lo que veía a su alrededor pues su poco desarrollado cerebro no podía procesar tales cosas. Los esclavos de la familia lo protegieron por tratarse de no más de un niño de dos años, sin embargo, a esa edad en cuanto pudo empezar a andar el primer objeto que tocó sus muñecas no fue ni un reloj, ni una pulsera de regalo ni nada por el estilo, lo primero fueron unos grilletes que se ajustaban a sus pequeñas muñecas para que no se pudiese remover por lo que le estaban haciendo.

El niño lloró, casi desgarrándose la garganta mientras en su espalda comenzaban a grabarle en fuego una marca, algo muy característico de un esclavo al que no se le quisiese poner siquiera nombre, un número que empezaría a marcar su destino a partir de ese momento. Un niño que ni siquiera había podido aprender a hablar pues no le habían dejado, un niño que no sabía lo que significaba la palabra padre, madre, hermano, hermana o simplemente amigo. Los esclavos que habían a su alrededor obviamente lo trataban bien, a parte de ser uno de ellos no podían siquiera imaginarse lo que sería estar condenado a vivir de aquella forma desde el momento en que nacieron. Durante días el llanto del pequeño pelirrojo fue lo que más se escuchó en aquella mansión, especialmente cuando le curaban la quemadura, pues simplemente no tenía otra forma de decir que dolía, que quería que le quitasen aquella marca que tanto escocía ante el tacto, que no quería que aquél dolor siguiese, la pobre criatura no se imaginaba que eso solo había sido el principio y que a sus pocos años le quitaróan lo que un niño seguramente no debía perder en ningún momento: La infancia, aquello que debía formar a la persona, como se le hacían a los animales salvajes al pequeño pelirrojo iban a romperle el alma en todo el sentido de la palabra.

Un buen día oscuro y lluvioso en el que se encontraba limpiando los platos de forma tranquila, el pequeño pelirrojo notó como algo se le ponía detrás de la silla en la que estaba subido para alcanzar a los platos, se trataba del hijo pequeño de la familia para la que trabajaba, entre toda aquella amplia cocina había logrado colarse entre los otros esclavos y se había colocado detrás de la silla en la que estaba subida Seikuro. En ese momento ya que nadie se había preocupado en cortarle el pelo este fue lo suficientemente largo como para que el niño lo alcanzase y prácticamente se colgase de la cabeza del esclavo que obviamente no pudo mantener el equilibrio ante su falta de fuerza en el cuerpo, o al menos la fuerza que podía tener un niño de 3 años y que obviamente no era mucha. Lo cierto es que al ver la cara del niño algo le hacía creer que no tenía buenas intenciones, de hecho siempre era así, aquél niño más bajito y gordo que el pelirrojo se dedicaba a hacerle la vida imposible como si fuese el mejor pasatiempo del mundo, y tampoco es como si pudiese decir o hacer nada, de primero no sabía hablar y de segundo... Era un esclavo.

Sin más remedio que ceder por el peso, cayó hacia atrás con uno de los platos en sus pequeñas manos, dicho plato chocó contra uno de los muebles y cayó hecho pedazos en el suelo, antes de que pudiese hacer otra cosa, el pelirrojo en silencio se levantó y comenzó a recoger de forma automática, sin embargo el niño gordo empezó a llorar, cosa que el pelirrojo ignoraba con la cabeza agachada a la par que se cortaba de vez en cuando por coger los trozos de plato con las manos desnudas. Aunque ese no sería el único problema con el que se encontraría, al escuchar los berridos del niño con rasgos de cerdo los guardias del lugar fueron a ver que pasaba, obviamente, las culpas fueron para el pelirrojo ya que el niño dijo que este le había pegado con el plato, una obvia mentira que sin embargo se convirtió en verdad por el poder del niño, los guardias se llevaron a las mazmorras a Seikuro durante toda una semana en la que estuvo colgado de una pared mientras las horas pasaban, ya no tenía fuerzas para negarse siquiera, era un niño marioneta en todo el sentido de la palabra, la posibilidad de réplica no era algo que se le cruzase por la mente incluso aunque sus resentimientos y su odio estuviesen creciendo dentro de él.

Uno de esos días, el sonido de las rejas de metal hicieron que abriese los ojos, lo cierto es que prefería podrirse en aquella celda a tener que salir del lugar, sus manos se apretaron en puños mientras notaba los pasos acercarse a él, había perdido la noción del tiempo completamente, sin embargo podía notar que el niño que le tiró ahora era un poco más alto,así que seguramente habían podido pasar años, él por su parte había estado encerrado en aquél lugar sin saber qué pasaba a sus alrededores, entre gritos de "tengo hambre" que le hacían recordar que tenía un estómago pues se podía decir que allí abajo había comido más que en toda su vida. Cuando el niño más crecido se acercó a él le levantó la cabeza tomando sus pelos de un puñazo e hizo que le mirase, aquella mirada llena de resentimientos y de carencia de bondad, simplemente porque él era delgado y el contrario era gordo.

-Te dejaré un recuerdo con el que serás desagradable a la vista y para darte la bienvenida a mi colección de mascotas, Fétido.- Y tras eso, sacó un trozo de porcelana roto. -¿Te suena? Es del plato que rompiste hace un año, me pregunto en qué tan mal estado está.- Tras eso, colocó la puntiaguda pieza en la mejilla izquierda del niño y empezó a apretar haciendo que saliese la sangre, al tener la cabeza sujeta, el pelirrojo no podía moverse, pero si que había algo que podía hacer. -Oh, no me mires con esa cara, un perro no mira así a su amo.- Y es que el odio que estaba siendo reflejado por los ojos de Seikuro y la mueca contraída en ira eran simplemente poco naturales para un niño de 4 años, algo que los guardias de aquél lugar simplemente pudieron definir entre historias de una sola manera, allí abajo el niño había muerto, la ira había tomado forma de un monstruo y su creador estaba marcándole la cara para recordárselo. De lo que pudo ser, ya no había, murió y ahora era lo único que le quedaba, y sus manos serían las que llevasen venganza a su causa.

Los guardias obviamente quedaron trumatizados ante el aura que estaban llegando a distinguir del joven pelirrojo quien, mientras se le hacían los surcos, simplemente se dedicaba a apretar la boca para no dejar que ningún grito saliese de él, simplemente parecía que si le soltaban en ese instante lo que iba a hacer era avalanzarse sobre el otro niño y acuchillarle la cara una y otra vez, cosa que no podían permitir incluso aunque estuviesen viendo el rostro de satisfacción del mismo al cortarle la mejilla al pelirrojo. Cuando terminó se dio cuenta de lo que había hecho y se alejó, los ojos del niño habían cambiado a un color amarillento y la respiración se le había hecho bastante pesada, el vapor del propio frío que hacía estaba haciendo que esta respiración resaltase todavía más, sin embargo, el niño estaba fijamente clavado contra la pared por los grilletes, así que no había peligro más que el del miedo que podía procesar tanto a adultos como a niños por parte del pelirrojo.

-No me gusta esa forma de mirarme que tiene, ablandadlo un poco, volveré dentro de un mes.- Dijo el niño gordo para luego desaparecer en la oscuridad de las mazmorras, dos guardias entraron y lo que ya parecía imposible de empeorar, simplemente pasó, lo bajaron de la pared y por unos momentos se revolvió luchando por alcanzar el lugar por el que se había ido aquél desgraciado, sin embargo su fuerza no era nada del otro mundo especialmente teniendo en cuenta que era un canijo que no era capaz apenas de racionar, no tenía estrategia, no tenía forma de deshacer los agarres, solo fuerza bruta que le provocaron chocar contra la pared tras recibir un fuerte golpe con el reverso de una alabarda en el estómago, lo mantuvieron allí mientras se empezaban a desquitar con golpes hacia su cara para dejarlo bastante desorientado, de hecho hasta le saltaron algunos dientes de leche que cayeron al suelo con un leve crujido pues cuando lo hicieron estaban partidos de los propios golpes, tal vez estaban golpeando con los puños, pero había un factor que lo hacía especialmente doloroso, llevaban armaduras.

Esas acciones se repitieron varias veces cada semana, hasta que pasaron tres exactamente en la que la familia iba a mudarse, a Seikuro lo llevaron encadenado en la parte trasera del carro, después de todo se acababa de convertir en la mascota de un crio. El destino era una casa de verano a varios kilómetros y cuando los pies del pelirrojo no daban a más simplemente era arrastrado por el carruaje de la familia como si fuese una maleta colgando, daba igual que el terreno tuviese piedras, daba igual que el niño fuese descalzo, simplemente era un lastre más para el caballo que era usado para aquello, caballo que en todo momento se mantuvo inquieto porque como buen animal que tenía sus instintos desarrollados, estaba pudiendo sentir la creciente ira que había detrás de él, en cada momento que la familia paraba, los guardias se paraban a revisar al pelirrojo, tirado en el suelo con los pies ensangrentados, aunque ninguno sintió una pizca de remordimiento, era normal, si no era Seikuro, serían ellos los que cabarían colgando de un caballo.

Sin embargo al llegar a su destino el pelirrojo era más un tropa que una persona, detrás de él había un camino de sangre que otros esclavos estaban limpiando constantemente para que las autoridades no dijesen absolutamente nada al respecto, una forma de encubrir sus actos si veían al pelirrojo de aquella forma si es que llegaban a verlo. El rostro demacrado era de lo más visible, apenas había comido o bebido y el calor era lo suficientemente intenso como para impedir que incluso el cuerpo se llenase de sudor, la insolación era cuanto menos inminente si es que no la había sufrido ya varias veces en todo el camino y la fiebre no hacía más que aumentar por momentos. Ese día, por causas mayores los esclavos rogaron a su amo, el padre de la familia, que dejase descansar al pelirrojo lo suficiente como para al menos recuperarse de la fiebre, e incluso aunque el niño que tanto la tenía tomada con Seikuro estuviese de berrinche y quisiese pasear el trofeo por todo el jardín el susodicho amo de todos, un hombre alto y fornido de pelo y barba larga negra dejó que descansase ante lo que pudiese pasar, una muerte de un niño podía manchar su nombre dado que tenía la marca de su familia en su espalda.

Un mes entero que pasó entre mantos y siendo refugiado por los otros esclavos que parecían querer cuidar de él como si fuesen parte de su propia familia, sin embargo para el niño ya era tarde, su ser estaba completamente consumido por aquél odio que simplemente no podía dejar de sentir, sus pesadillas eran la forma más tormentosa de demostrarlo, cada alarido era un esclavo al que se le erizaba la piel al notar el propio odio proveniente del niño, había pasado de ser un niño apagado y triste, desconocedor de la palabra cariño a una herida en la propia existencia, una herida que había dejado salir una rabia desenfrenada, más de una vez habían tenido que reducirlo ya que los esclavos simplemente no tenían las fuerzas para reducirlo incluso aunque fuese por su propio bien. Más de una vez, la herida de la mejilla se había abierto cada vez que aquellos ataques de ira volvían a él, provocando que prácticamente fuese imposible de cerrar, demás, de vez en cuando el hijo pequeño de la familia se encargaba de recordarle su posición a base de golpes cuando estaba dormido, despertándolo de golpe tras la potente sacudida.

El tiempo pasó, y la hora de volver a su prisión había llegado, de nuevo encadenado aunque con más fuerzas que la última vez al haber podido descansar adecuadamente fue andando por el camino mientras el endemoniado niño hijo menor se encargaba de hacerle la travesía un poco más complicada, a base de tirarle piedras a la cabeza estaba haciendo que el pelirrojo empezase a perder la paciencia de nuevo, solo que esta vez había algo más en la postura del pelirrojo. Tras una última piedra, los caballos se volvieron completamente locos e intentaron correr, sin embargo el carruaje se detuvo completamente.


Una sacudida hizo que todo el mundo se alarmase, había sido como una onda de choque de viento que había tenido un epicentro, epicentro en el que una fuerte corriente de viento estaba manifestándose poco a poco y de la que no se podía ver nada en el epicentro. Por un momento creyeron que Seikuro había sido atrapado en el ojo de un huracán, sin embargo lo que vieron poco después los dejó aterrados a todos. Los ojos que normalmente eran azules apagados ahora estaban dibujados de un color intenso y vivo amarillo, alrededor de su mejilla había una buena cantidad de sangre mientras que la herida en forma de cruz empezaba a volverse de color negra, para luego extenderse por toda la parte izquierda de su cara y su brazo. El viento que rodeaba a Seikuro parecía estar infectado de la ira que le provocaba el mero hecho de estar allí delante, los guardias mismos fueron testigos de como los grilletes caían desarmados por cuchillas de viento que apenas si se podían ver alrededor del niño, era como si estuviese poseido por algo, y no era muy desacertado aquello, fuera lo que fuese que había tomado la mente de Seikuro simplemente era muy distinto a lo que era el niño que una vez pudieron maltratar.

Ante una orden del amo de todos, los guardias intentaron deshacerse del muchacho con sus lanzas, unas simples estocadas en el corazón del mismo, sin embargo cuando las lanzas llegaron simplemente se deshicieron en partículas metálicas milimétricas, seguidos de sus brazos y rostros quienes por la inercia que llevaban acabaron cayendo en el vórtice del pelirrojo. Este literalmente se bañó en sangre con esto, pues el viento estaba haciendo que la misma le rodease poco a poco, no había sonrisa por lo que había hecho, no había gesto de furia, no había nada en la cara de Seikuro, solo frialdad, la frialdad de algo que estaba muy por encima de un ser humano y que simplemente los veía como hormigas. Poco a poco avanzó mientras el viento lanzaba cuchillas casi invisibles hacia los guardias y esclavos, si, incluso los esclavos estaban sufriendo la ira de lo que alguna vez fue ese niño que habían cuidado y que ahora les estaba proporcionando una muerte más piadosa que a los guardias, quienes eran cortados por la mitad, en cambio los esclavos eran descabezados como si de mantequilla se tratasen.

Por último solo había quedado la familia, el hombre fue el que se lanzó primero con una espada como si no hubiese aprendido lo que pasaba cuando esto ocurría, sin embargo, el viento se calmó, por lo que la espada fue directa al cuerpo del pelirrojo, quien ya no se encontraba en el sitio en el que estaba apuntando. Tomó las cadenas que antes lo estaban atando y con estas ahorcó al hombre sin miramiento alguno, como un cuerpo tan delgado y pequeño habían podido sacar el cuello de un cuerpo fornido y adulto todavía era un misterio para los que habían investigado los sucesos, sin embargo, era un hecho que aquello era lo que había pasado. Luego, tomó la espada de la hoja, cortándose obviamente, pero de otro sitio seguramente no habría podido siquiera levantarla, tras eso, se avalanzó contra la madre como si fuese un animal y empezó a acuchillarle el embarazado vientre, haciendo que tanto ella como el feto muriesen, ella lentamente, el feto, al instante practicándole así un aborto forzoso.

Luego, el hijo mayor, también el más cobarde, que estaba intentando huir del pelirrojo dejando atrás a su hermano pequeño. Sin saber porqué, su pierna salió volando hacia adelante y cuando adquirió algo de racionalidad vio como la figura del niño se alzaba por encima de él, con infinita ira saliendo de sus orbes en forma de mirada, si lo hubiese dejado vivo, seguramente seguiría sufriendo pesadillas de aquél momento, sin embargo, no fue así, una vez tras otra acuchilló al muchacho en la cara, hasta que de esta no quedó más que un sanguinoliento despojo de carne y hueso, ni siquiera los ojos eran posibles de diferenciar, seguramente saltados por alguna cuchillada bastante tiempo atrás. Era lo de menos, el tema es que el resultado había sido el muchacho con la frente atravesada por la espada de su propio padre y que seguramente algún día habría llegado a heredar, total, la decoración de oro parecía indicar que aquello se trataba de una reliquia, pues bien, toda ella pra el heredero.

Tras eso, miró hacia atrás, donde el niño gordo estaba arrastrándose intentando huir de la escena que, para él, estaba siendo un infierno, lo que no sabía es que el infierno se iba a alzar sobre él tras una patada en la nuca haciéndole quedar aturdido bocabajo, cuando lo giró, el niño empezó a orinarse en los pantalones por la impresión de la muerte cercana a él, y lo que le hizo fue cuanto menos horroroso. Le llevó la mano a la cara tapándosela completamente, el niño empezó a gritar y a patalear de dolor, sin embargo la piedad del pelirrojo había sido mutilada tiempo atrás, el viento empezó a perforar con precisión de cirujano la carne del niño, haciendo que su rostro empezase a desprenderse dejándole solo la carne de los párpados, tras eso, le terminó de quitar el rostro de un tirón y lo lanzó por ahí para luego simplemente darle el pisotón más doloroso que alguien puede haber recibido nunca. Dándolo así por muerto, se alejó casi cojeando y cuando fue capaz de percibir lo que había hecho, simplemente huyó del lugar lo más rápido que pudo sin saber qué había pasado, no recordaba nada, pero si que sabía una cosa, había sido él.

De ese día el recuerdo que tenía sin duda alguna era la cicatriz que decoraba su mejilla, pues ese mismo día la herida se cerró, pero dejó atrás la marca.
Información Extra

—Vive a las afueras de Magnolia, donde tiene su casa y su tienda de armas y abalorios tanto normales como mágicos.
—Su estilo de combate es el Hiten Mitsurugi Ryu [Para más info: http://es.wikenshin.wikia.com/wiki/Hiten_Mitsurugi-ryu ] aunque adaptado al personaje y temática del foro.
—La historia la iré completando con fics.

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Re: Seikuro Shin-Tensei

Mensaje por Necalli el Vie Feb 24, 2017 4:46 pm

¡Ficha aceptada! ¡Bienvenido!


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